sábado, 3 de diciembre de 2011

Efecto Cenizas. Mitos y Realidades.

La erupción volcánica del sistema Puyehue-  Cordon Caulle ocurrida el día 4 de Junio del corriente y la continua  emisión de cenizas ha motivado la aparición de numerosas noticias  relativas a los posibles efectos de su deposición sobre los cuerpos de  agua y, en particular, sobre los peces que los habitan. 


Una gran  parte de la información volcada a los medios de difusión masiva  sostiene, en mayor o menor medida, que los peces y la reproducción  natural en la zona se verían significativamente afectados y que ello  daría lugar a una pobre temporada de pesca recreacional el próximo  verano. Incluso estas informaciones han llegado a aventurar posibles  efectos negativos a largo plazo, indicándose que se podría ver reducida  la calidad de la pesca durante temporadas futuras.

Esta información, sumada a la genuina preocupación de quienes frecuentan los ambientes  con motivo de la práctica de pesca, impulsó una reunión que coordinó la  intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi donde se analizó la  temática. Del encuentro participaron personal Jerárquico, Técnico y  Guardaparques del PN Nahuel Huapi y Delegación Regional Patagonia de la  APN, especialistas en evaluación y manejo de peces de la Universidad  Nacional del Comahue, representantes de la Asociación de Guías de Pesca y  miembros del Club de Caza y Pesca Nahuel Huapi.

En base a  diferentes resultados de acciones de monitoreo de los distintos  organismos, salidas de evaluación de las poblaciones peces y de nutridas  observaciones de campo, se evaluó el estado de situación actual y lo  acertado o no de la información que ha circulado sobre efectos de esta  erupción en los peces. Como resultado se pudo establecer que la  información que ha circulado fue, al menos, alarmista y no se encuentra  basada en datos concretos de monitoreos ni evaluaciones integrales con  metodologías apropiadas de análisis, fundamentándose principalmente en  especulaciones personales sobre escasas observaciones puntuales. 



Para  entender esta última aseveración hay que considerar diversos aspectos.  Entre ellos es importante mencionar que los posibles efectos de la  ceniza sobre los peces dependen de la cantidad y características del  material que cae en un sitio determinado. En tal sentido las zonas  cercanas al punto de erupción y bajo influencia directa del viento  recibirán cantidades mayores de material que sitios alejados y así los  eventuales efectos son diferentes en el área afectada. 

Si  consideramos la cabecera de la gran cuenca del río Limay y la ceniza  caída en sus distintos sectores, vemos que los ambientes cercanos al  volcán (ej. Brazo Rincón del Lago Nahuel Huapi y Lago Espejo) han sido  más afectados que otros sectores y ambientes cercanos (ej. brazos Blest y  Tristeza del Lago Nahuel Huapi y Lago Gutiérrez) donde llegó menos  material volcánico. Este patrón se ve claramente también en los arroyos,  donde el efecto de las cenizas disminuye rápidamente hacia el Este y  Sur de la cuenca.

La situación descripta entre sectores de la misma  cuenca implica una disminución de los impactos sobre los peces que, por  su alta movilidad, se desplazan y alejan temporalmente de los sitios más  afectados a ambientes más estables y menos comprometidos (ej. de  arroyos a lagos). La ausencia de mortalidades masivas de peces en la  alta cuenca y aun en los sitios más afectados luego de la caída de  cenizas apoya lo mencionado arriba. Adicionalmente, distintos análisis  de muestras de peces de varios sitios de la cuenca indican que los  mismos se encuentran en muy buen estado sanitario.


En cuanto a los  posibles efectos en la producción de nuevas generaciones de peces hay  que considerar nuevamente el efecto diferencial sobre toda la cuenca.  Como ya se mencionó una gran parte de los arroyos de la misma (ej. los  arroyos del sistema del Catedral que desaguan hacia el lago Gutiérrez o  el propio lago Nahuel Huapi) no han sido severamente afectados. 

Dado que  los salmónidos en el lago Nahuel Huapi y otros ambientes de la alta  cuenca no muestran fidelidad a determinados arroyos y que existe un  conjunto común de especies cabe esperar que los sitios más afectados no  sean utilizados para la reproducción esta temporada y los peces desoven  en sitios alternativos. Por otra parte la eventual pérdida de ejemplares  (por migración o muertes) en los ambientes más afectados será  compensada por repoblamiento desde lagos y ríos de mayor caudal que  pertenecen a la cuenca.

Algunas notas han enfatizado la necesidad de comenzar a sembrar salmónidos en forma  urgente para “reparar el supuesto daño”. Sin embargo no consideran que  si hubiera habido efectos negativos en determinados ambientes sobre los  peces también debería esperarse un impacto aun más severo sobre los  invertebrados de los que dependen para alimentarse (por su mayor  susceptibilidad y menor capacidad de migración). Entonces qué sentido  tendría sembrar juveniles si no hay alimento para ellos, además los  peces sembrados competirían por el alimento con los que hubiera en el  ambiente con consecuencias negativas para ambos grupos de peces.

Un aspecto importante a considerar es que pescas de monitoreo realizadas con equipos  de pesca deportiva durante Septiembre por la Asociación de Guías de  Pesca y miembros del Club de Caza y Pesca Nahuel Huapi acompañados por  personal del PN Nahuel Huapi, puso en evidencia la presencia de peces  saludables en diversos estadios de reproducción en lagos, y ríos de la  zona (incluso en áreas muy afectadas).

También se observó que algunos  de los principales sitios de desove del río Limay y de arroyos de la  cuenca no se vieron mayormente afectados, comprobándose la presencia de  una nutrida población de peces en los mismos.



Un aspecto muy  relevante a considerar es que en los múltiples análisis de muestras de  agua desde el inicio de la caída de cenizas no se registran cambios  significativos en los principales parámetros químicos y físicos que  pueden afectar a los peces. Es decir que los efectos negativos  principales de las cenizas se pueden relacionar con su presencia física y  no con otros elementos que ellas pueden acarrear y eventualmente  depositar en el agua. 

Esto apoya los resultados de las prospecciones que  no han demostrado la existencia de mortandades masivas que se podrían  asociar a cambios bruscos de las condiciones del agua. Esta situación  difiere de lo observado en varios  ríos de Chile cercanos al volcán donde se produjo un gran incremento de la temperatura del agua (más de 20º en algunos casos) que provocó importantes mortalidades de peces.

Si  bien no se han registrado efectos significativos sobre los peces desde  que se inició la erupción, cabe preguntarse cuál será el efecto a  mediano y largo plazo de este evento. Ante esta pregunta debemos  considerar algunos de los efectos principales sobre los lagos, ríos y  arroyos.

Una de las principales modificaciones en los lagos se halla  relacionada con las cenizas depositadas en la superficie del mismo, ya  que una parte de estas flota y es eventualmente arrastrada o depositada  en las orillas, otra fracción sedimenta hasta el fondo y una tercera  fracción entra en suspensión y tardará un tiempo considerable en  sedimentar. Esta última es la responsable del cambio de coloración y de  la disminución de la transparencia del agua lo que puede tener como  principal efecto biológico una disminución de la producción del  fitoplancton. Este grupo de organismos es el alimento de base de toda la cadena alimentaria. Es decir es el alimento de los invertebrados y peces pequeños  de los que a su vez se alimentan los grandes peces (ej. truchas y  percas). 


Por lo tanto si se mantiene mucho tiempo el sedimento en el  agua podría disminuir la producción de fitoplancton afectando a mediano y  largo plazo, a toda la cadena alimentaria y disminuyendo la abundancia o  la condición de los peces. Sin embargo también hay que considerar que  las cenizas volcánicas pueden tener un efecto inverso (fertilizador),  por el cual la producción del fitoplancton se puede ver aumentada. De  esta forma en varios lagos del hemisferio norte se ha visto un  incremento de todos los grupos en años posteriores a erupciones  volcánicas, generando aumentos del número y tamaño de algunas especies  de peces de valor deportivo.

En relación a los ríos y arroyos el  efecto primario negativo sobre los organismos dependerá del continuo  arrastre y deposición de cenizas en los fondos. De esta forma la taza de  depósito, los volúmenes de ceniza, la velocidad de la corriente, tamaño  del cauce, así como la distancia y localización con respecto al centro  de emisión serán importantes para atenuar o no el efecto de la ceniza en  estos ambientes. 

Es esperable que en las inmediaciones al sitio de  emisión del volcán los ríos y arroyos menores se despueblen temporalmen te por migración de peces hasta que los volúmenes de material arrastrado sean menores. También se puede observar en algunos arroyos una aparente merma en las abundancias de algas e invertebrados que requiere mayores  estudios para evaluar su evolución ya que de ellos dependen los peces  –principalmente los juveniles-. Aunque esto fuese así, es esperable una  rápida recuperación de las poblaciones de algas e invertebrados en  los arroyos ni bien disminuya el arrastre y el depósito de material con  la consecuente recuperación también de las poblaciones de peces.

Cabe mencionar además que tanto los peces nativos como los introducidos en Patagonia  han evolucionado en contextos geológicos donde sus antepasados han sido  sometidos en múltiples ocasiones a este tipo de episodios. Es por este  contexto histórico que cabria esperar que cualquiera haya sido el efecto  sobre los mismos eventualmente se recuperen naturalmente, máxime  teniendo en cuenta como ya se mencionó que el efecto mayor es sobre una  porción de la cuenca.

Por lo expuesto es claro que los efectos de  esta erupción sobre las  poblaciones de peces de la cuenca del río Limay  no representan en la región un fenómeno puntual y que, si bien se puede  extender en el tiempo, no se puede predecir en este momento el impacto  global -positivo o negativo- para la conservación y las pesquerías recreacionales de la región. Es por eso que no se deberían implementar supuestas medidas de recuperación de las poblaciones de peces sin que se completen los estudios pertinentes sobre  el estado actual y evolución futura de las poblaciones. La  implementación de medidas de este tipo tomadas sin evaluación pueden ser  contraproducentes para el ambiente y las poblaciones de peces afectando  gravemente las pesquerías recreacionales de esta importante cuenca.

La  pregunta entonces es: ¿qué hacemos?. En principio es necesario  establecer el grado y tipo de efecto para los peces en distintos  ambientes y monitorear la evolución de dichas poblaciones en el tiempo.  Solo así se podrán establecer medidas de manejo, con probabilidad cierta  de éxito, sin desperdiciar recursos en medidas no conducentes y hasta  eventualmente adversas para la conservación del recurso. 


En tal  sentido, en la gran cuenca del río Limay hay una serie de planes en  marcha donde se están evaluando y monitoreando las poblaciones de peces.  Así grupos técnicos y de investigación de la Universidad Nacional del  Comahue e INIBIOMA, el CEAN, la Dirección General de Biología Acuática  de Neuquén, la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas, el Parque  Nacional Nahuel Huapi y la Delegación Regional Patagonia de la APN están desarrollando trabajos en relación a diversas temáticas tales como  calidad de aguas, tramas tróficas de lagos y ríos, poblaciones de peces y el impacto de las cenizas sobre distintos componentes. 

Estos proyectos  de corto, mediano y largo plazo brindarán conjuntamente la información  necesaria para el correcto manejo de los recursos acuáticos de la región  basados en datos sólidos y no en especulaciones y/o aproximaciones no  técnicas.END



Autores: Dr Leonardo Burial de la Administración de Parques Nacionales. Dr Pablo Vigliano de la Universidad Nacional del Comahue. 
Consultor: Daniel Wegrzin
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Gustavo Ambrosino, Fernando Riera.
Edición:Jorge Aguilar Rech.
Fuente: La Angostura Digital.

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